EL ALMA

“Nuestro cuerpo privado de su alma está muerto y huele mal: así el alma indolente a la plegaria, está muerta y es miserable y maloliente. Debemos considerar la privación de la plegaria (oración) como algo más cruel que la misma muerte.”(Evagrio)

 Evidentemente que el alma es inmortal, pero está sometida al cuerpo, ella según San Juan de Cruz, es como una niña que todo lo  recibe de los sentidos corporales. De ahí la importancia de guardar los sentidos y emplearlos en cosas santas para que el alma que es espiritual tenga el alimento que necesita para crecer y embellecerse.

 Cuentan que Santa Catalina de Siena se encontró en una ocasión con una mujer de la corte, la saludó y a al momento salió rápidamente, los que iban con ella se extrañaron de su actitud tan poco cortés y al preguntarle por qué había hecho eso, ella contestó: “No pude soportar el olor de su alma”. Efectivamente luego supieron que esa mujer llevaba una pésima vida moral.

 Vivimos en este mundo pensando que solo el cuerpo debe ser cuidado. Tantas veces el alma gime, sufre, enferma y se deforma monstruosamente, por no alimentarse de las cosas espirituales, la privamos de la Sacramentos: Confesión, Comuniones dignas, Santa Misa, oración, el rezo del Santo Rosario. Carente el alma de los bienes innatos a su esencia, va creando una distancia con el cuerpo, una dualidad, ya no esa unidad en donde el ser entero se armoniza, para llegar al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud. Quebrar la unidad de nuestro ser lleva a una infinidad de enfermedades, en la mayoría  psíquicas.

 La sobriedad de vida no es masoquismo, ni propio de beatos aburridos de vivir. Todo lo contario, un cuerpo acostumbrado a la sobriedad, con una mente enriquecida por la piedad, con una voluntad acostumbrada a realizar actos de bien al prójimo, encierra este cuerpo un alma robusta, de mirada profunda, llena de paz, de dulzura, invadida por la mansedumbre, plena de gozo y deseos de vivir.

 “Un anciano ha dicho: “Lucha para que tu espíritu sea iluminado por Dios, tu alma santificada, tu cuerpo purificado, para que finalmente devengas simple, con la unidad toda simple de la Santísima Trinidad. El hombre carnal debe convertirse en espiritual.”(De Poimén)

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